jueves, 25 de mayo de 2017

Sangre, sudor y sangre

Terry Butcher
Todos los deportes, y el fútbol no iba a ser menos, son susceptibles de causar daños o lesiones a quienes lo practican. Hay lesiones que suelen ser más frecuentes en ciertos deportes o que aparecen con los años tras la práctica continuada. Casi nadie está a salvo.
El fútbol, como hablaba en anteriores entradas, se lleva la palma en cuanto a la teatralidad de sus jugadores. A nadie le extraña en absoluto ver a un futbolista retorcerse de dolor en el suelo tras el roce con un rival. Hay infinidad de vídeos por la red en las que pueden verse miles de ejemplos de teatro, de jugadores pillados "in fraganti" sin siquiera haber tenido contacto más que con el aire, retorcerse en el suelo y reclamar justicia para su supuesto verdugo. 
Uno de los mayores problemas de este espectáculo es que incluso con la tecnología actual es difícil saber cuando un jugador finge o cuando le acaban de levantar por los aires de verdad. De ahí que muchos árbitros reclamen el llamado VAR (Videoarbitraje) para salir de dudas en ciertas jugadas durante el partido, siendo las entradas fuertes una de ellas. 
Porque, y debemos ser sinceros, pocas veces hemos podido ver a un futbolista recibir una entrada o golpe por parte del rival y levantarse del suelo sin más, sin pedir justicia. Pocas veces, si, pero para bien o para mal, han habido casos. Uno de los más famosos es el que ocurrió el 6 de septiembre de 1989 en Estocolmo, Suecia. Aquél día Suecia recibía a Inglaterra en un partido clasificatorio para el Mundial de Fútbol de Italia '90. En la defensa del equipo visitante jugaba Terry Butcher (aquel al que Maradona tuvo de testigo en el famoso partido de la Mano de Dios y del Gol del Siglo) quien, al principio del encuentro, se hizo una brecha en la cabeza por la que comenzó a sangrar abundantemente. Atendido por los médicos de su equipo, Butcher siguió jugando durante los noventa minutos con la cabeza vendada. Pese al aparatoso vendaje, la sangre continuó saliendo hasta convertir su camiseta (bueno, todo su ser) en algo digno de una película de terror. El propio futbolista no dudaba en utilizar su cabeza para ir a por el balón. Al bueno de Terry no se le oyó queja alguna durante ni después del partido. ¿Se imagina ver una escena parecida hoy en día? Está claro, ningún futbolista puede, actualmente por cuestiones sanitarias, jugar ensangrentado. Pero incluso si se pudiese, nadie lo haría. Preferirían el teatro a lo que hizo Terry Butcher. Eso le costó sangre, sudor...y más sangre.

Tranquilo, lector, lo que hay en la ilustración no es sangre de verdad. Son manchas rojas hechas con pinceles en Adobe Photoshop tras haber acabado la ilustración. La ilustración fue hecha a portaminas y tinta, escaneada y trabajada en Adobe Illustrator.

jueves, 18 de mayo de 2017

¡Che, Pibe!

Carlos Valderrama
Los futboleros de mi generación saben de lo que hablo. No habían tantos partidos televisados ni tanto circo alrededor de éste hermoso deporte, de tal forma que era fácil identificar a tu jugador preferido cuando veías un partido por la tele. Si además era un tipo con talento y estilo era aún más fácil. Y si tenía algún rasgo físico destacable más todavía. 
Todo esto era lo que tenía Carlos "El Pibe" Valderrama. Jugaba que daba gusto verle y tenía (tiene, que doy fe de ello) una tupida melena rubia que le hacía visible desde la puerta de tu casa. Reconozco que en mi tierna infancia no pensaba que llevaba el pelo tintado, ni siquiera cuando veía su negro mostacho. ¡Serían los genes, que se yo!
Valderrama fue, para su época, un trotamundos del fútbol. Pasó por varios equipos colombianos y dio el salto a la MLS de EEUU después de haber jugado en Europa (Valladolid, tocada de huevos por parte de Míchel incluida, y Montpellier). En los EEUU está considerado uno de los mejores futbolistas que pasaron por aquella liga, ¡y mira que han pasado muy buenos jugadores por allí. 
En su selección marcó una época, con un equipazo dirigido por Pacho Maturana y jugando junto a monstruos de la talla de Leonel Álvarez, el Tino Asprilla o René Higuita. Aquella selección será recordada por haberse paseado en las eliminatorias al Mundial de EEUU '94 con un recordado 0-5 a la todopoderosa selección de Argentina en el mismísimo estadio Monumental de Buenos Aires. Aquel equipo fue de los que enamoraron a propios y extraños, jugaban un fútbol vistoso y divertido. Valderrama era el director de la orquesta en el centro del campo y el resto jugaba. Era un placer para la vista de cualquier futbolero. Eso y más era El Pibe.

Ilustración realizada con portaminas Staedler, entintada con Faber-Castell y escaneada. El perfilado de las líneas y el coloreado fueron hechos con Adobe Illustrator. El balón es un vector de un banco de imágenes. Para darle más volumen al pelo de Valderrama utilicé una muestra de textura de Illustrator.

jueves, 11 de mayo de 2017

Ser profeta en tu tierra

Iago Aspas
Esta semana es muy importante en la de los más de 90 años del Celta de Vigo. Uno de los históricos de La Liga vio recompensada una de sus tantas buenas temporadas en primera con una aventura europea. El destino quiso que en las semifinales se encontrase con el Manchester United de Mourinho y ya en la ida le dejase con un pie fuera de la Europa League. Como hasta el pitido final no hay nada seguro, confío en el club gallego para dar vuelta la eliminatoria y hacer más historia. 
Mientras llega ese momento, hoy hablo de Iago Aspas. El delantero, gallego de Pontevedra, es una de las figuras del Celta, un equipo que Eduardo Berizzo ha sabido hacer fuerte a base de una buena plantilla y sin estrellas mediáticas. Mucho trabajo y fútbol ofensivo. Iago no es un grandísimo goleador ni es un mago de las asistencias pero es de esos jugadores que quieres tener si o si en tu equipo. Garra, entrega y carácter.
Tanto es así que cuando comenzó a destacar en Vigo, llegó el Liverpool para hacerse con él. La Premier League tiró de talonario para hacerse con una de las sensaciones de La Liga. Parecía una apuesta segura. El gallego fue rumbo a la cuna de los Beatles pero la cosa no fue como él lo habría esperado. Pocos partidos jugados y sin goles en su haber, hicieron de Aspas un juguete roto en medio de tantas estrellas. 
Regresó a España porque era su lugar, donde se encontraba más a gusto y donde podía mostrar todo su potencial. Era su lugar y su momento. Pero no su equipo. El Sevilla fue su destino pero tampoco se encontró cómodo pese a hacer una buena temporada (no podía empeorar lo de Inglaterra). 
El profeta quería regresar a su tierra. Galicia es su lugar, su zona de confort y donde da lo mejor de si en una cancha. Iago Aspas es un referente del equipo, de esos nombres que, aún sin saber la alineación de memoria, sabes que está, que juega siempre que puede. 
Aspas juega en uno de los mal llamados "equipos pequeños" de La Liga pero es un gran jugador, de los que hará historia cuando cuelgue los botines. Quien sabe si quizás de los que haga historia en Europa, el destino da mil vueltas. Será recordado por ser un profeta en su tierra. 

Esta ilustración la hice con lápiz y tinta. Escaneada y trabajada en Adobe Illustrator, la coloreé y sombreé con el mismo programa. El color rojo de debajo de su camiseta celtiña hace un guiño a su paso por Liverpool, así como las letras que acompañan el dibujo, hechas también con Illustrator.

jueves, 4 de mayo de 2017

Coños o sandías

David Barral


Las redes sociales son, desde hace unos años, el canal directo de muchos futbolistas con sus aficionados. Antes de existir estas redes, la relación de los deportistas con sus seguidores era a base de ruedas de prensa o entrevistas en donde la información que se daba estaba (y lo sigue estando) muy estandarizada y controlada. ¿A quien no le suenan frases como "el fútbol es así", "somos once contra once" o "va a ser un partido difícil"? El futbolista responde todo de una manera políticamente correcta, salvo algún que otro arrebato delante de los micrófonos.
Ahora bien, la aparición de Twitter, Facebook o Instagram dio rienda suelta a la información directa y en tiempo real. El futbolista ya no tiene que esperar a la rueda de prensa o a que se publique su entrevista. Ahora el que manda es él. Puede decir y hacer lo que le de la gana con su móvil.
Hay futbolistas muy aficionados a lanzar mensajes a través de estas redes. Gerard Piqué, Iker Casillas o, el personaje de hoy, David Barral han tenido varios minutos de fama fuera de las canchas por haber publicado declaraciones o imágenes con algo de polémica. Y parece que la cosa va para largo.
Famoso es un tweet de Barral durante aquel caluroso verano de 2014. El tweet, de manera literal dice así:
"Ojú, hace tanta calor, que si me dieran a elegir entre comerme un coño o una sandía bien fresquita, me comía un coño, pa que te voy a mentir."
La ilustración, inspirada en una foto publicada por el mismo futbolista, es toda una poesía acompañada de esa declaración. El tweet fue noticia en todos los medios y demostró que las redes sociales son un poderoso canal de comunicación entre futbolistas y seguidores. El futbolista puede decir lo que quiera y cuando quiera de manera directa, a pelo. ¿Alguien se imaginaba a David Barral en rueda de prensa soltando semejante bomba? Quien sabe, conociendo a David, cualquier cosa hubiera sido posible. Quizás se hubiese comida la sandía delante de todos. ¿O no?

La ilustración está hecha con acuarelas para el fondo de color, la cabeza, la camiseta y la famosa sandía que lleva en la mano. El pelo y las cejas los hice con rotulador negro así como los detalles de la cara y manos. El sombreado también lo hice con rotuladores. En Adobe Photoshop ajusté el tono de los colores.

jueves, 27 de abril de 2017

El conejito de Duracell

David Villa
El futbolista profesional a partir de los 30 años ya no es competitivo. Los veteranos se arrastran por el campo. A esas edades ya no están para jugar. ¿Quien no ha oído (o peor aún, dicho) alguna vez alguna de estas frases en ambientes futboleros? Muchas veces y la mayoría de ellas de manera rotunda. Es algo que se dice casi como un mantra sin evaluar realmente el rendimiento del deportista. Evidentemente, un chaval de 20 años tiene una potencia, una capacidad física y una explosividad que no tiene uno de 40. Eso es cierto. Pero, ¿alguien puede pretender que esos 20 años de diferencia entre uno y otro jugador no se noten fisicamente?
Como amante del fútbol debo reconocer (y usted, querido lector, también debería hacerlo) que hay muchos futbolistas que, como el buen queso curado, mejoran con el paso del tiempo. Voy a tirar nombres: Ibrahimovic (al momento de escribir estas líneas acaba de sufrir una grave lesión), Buffon, Pirlo o nuestro querido David Villa.
El Guaje comenzó a jugar al fútbol en su Asturias natal para pasar al Zaragoza y dar el salto al Valencia, en donde se consagró como futbolista goleador. Casi rozando la treintena, Villa fue traspasado al todopoderoso Barcelona en una operación que parecía su jubilación anticipada. Nada más lejos de la realidad. Villa demostró que tenía cuerda y jugó tres años más a un altísimo nivel (ganó todos los torneos con el equipo catalán: Liga, Copa, Champions y Mundial de Clubes). Ya con 32 años se marchó al Atlético de Madrid. Si, definitivamente ese era su retiro, pensábamos los amantes del buen fútbol. Jugó un año y se marchó. ¿A donde podría ir a penar un delantero, al que se le exige potencia, velocidad y goles, con 33 años? ¿A un club de Segunda B? ¿A un torneo de solteros contra casados? 
No, el gran David Villa fue a derrochar talento a EEUU, a la Major League Soccer. El New York City (previo paso durante unos meses por su filial australiana) apostó fuerte por él para apuntalar su delantera y convertirle en un gran reclamo para hinchas y curiosos. La apuesta le salió perfecta. David sigue dando batalla por las canchas de Norteamérica y se cansa de meter goles. Ya cerca de los 36 años el Guaje parece no querer colgar las botas y se lo pasa pipa jugando como un chaval. Parece el conejito de Duracell. 

La ilustración pertenece a una serie que realicé sobre grandes futbolistas de la historia. Basada en una fotografía, realicé la ilustración a lápiz y tinta. Tras escanearla, la coloreé con Adobe Illustrator retocando las líneas para darle más volumen y profundidad. También añadí una textura para la barba aplicando un motivo de Illustrator.

jueves, 20 de abril de 2017

El Diablo no viste de Prada

Marco Antonio Etcheverry
No, el Diablo no viste de Prada. Viste de corto y da gusto verle. Y tiene nombre y apellido: Marco Antonio Etcheverry Vargas. Nació ya hace 46 años en Santa Cruz, Bolivia. Dejó de jugar de manera profesional hace ya unos años tras haber jugado en equipos como el Albacete, Bolívar o DC United. 
Dicen de él que, cuando fue a jugar a Europa, le pudo la fama y su rendimiento no fue el mejor, que su estado de forma cayó en picado. Calidad le sobraba. Prueba de ello es que está considerado uno de los mejores jugadores de la historia de la Major League Soccer (la liga de fútbol de los EEUU) y es uno de los 10 jugadores que más partidos ha jugado con la selección boliviana. 
Quizás por ser del país que es, sin tantísima tradición futbolística, el Diablo no fue considerado una estrella como tal. Tuvo que trabajarse mucho su fama y tuvo momentos de gloria. El que más recuerdo fue durante las eliminatorias sudamericanas para el Mundial de fútbol de EEUU '94. Esa fase de clasificación fue un hito para el fútbol boliviano (no se clasificaban a un Mundial por primera vez, ya lo había hecho en 1930). El hecho destacado de aquella fase fue el triunfo sobre Brasil. Si, jugaban en la altura de La Paz pero era el primer partido que perdía Brasil en una fase de clasificación a un Mundial. Un auténtico partidazo en el que nuestro protagonista participó con un gol. El fútbol mundial se rendía a sus pies y a los de aquel equipo por el que nadie daba nada (Xabier Azkargorta tuvo el honor de dirigir aquel equipo mítico). En el mundial los bolivianos cayeron rápido, ¡pero que les quiten lo bailado!
En el 2004 y tras una dilatada carrera profesional, Marco Antonio colgó los botines. Sigue ligado al mundo del fútbol. El que le dio tanta fama y alegrías. Como aquella tarde del mes de julio de 1993 contra la invencible y todopoderosa Brasil.

La ilustración forma parte de una serie que realicé sobre los mejores jugadores de la MLS. Fue realizada a lápiz y tinta, escaneada y coloreada en Adobe Illustrator. El rojo de la camiseta es por el DC United y por ser el diablo, claro.

jueves, 13 de abril de 2017

Gol en contra

John Terry, Wayne Bridge y el árbitro
Hay un dicho británico que reza lo siguiente: "el fútbol es un juego de caballeros jugado por bestias y el rugby es un juego de bestias jugado por caballeros". Y razón no le falta al refranero popular. Compañerismo, camaradería, deportividad y amistad. Todo eso es lo que, a rasgos generales, se echa en falta en el llamado "fútbol moderno" pero que encontramos en deportes como por ejemplo el rugby.  Sin ser un amante del rugby, debo reconocer que tradiciones como el tercer tiempo (un encuentro entre jugadores de ambos equipos al finalizar el partido para confraternizar y pasar un rato agradable, una forma de quitar tensión y agresividad al deporte en si) me dan envidia y querría tenerlos en mi querido fútbol. 
En los últimos tiempos son noticia, casi en cada partido, jugadores que simulan faltas y agresiones, que faltan el respeto al propio árbitro o a los propios compañeros, insultan a los aficionados y demás lindezas que las tomamos como algo habitual sin darnos cuenta de que son la cara más fea del fútbol. 
Algo debemos hacer, como amantes de este deporte, para intentar acabar con esto. En un mundo tan profesionalizado quizás habría que volver a los valores del deporte amateur, en donde ganar no era lo más importante, sino saber competir respetando a los rivales y al propio juego. Una derrota no era el final, había que levantarse y seguir luchando, pero no a cualquier precio. No, nunca.
¿Cuando aparecieron las malas artes en el fútbol? ¿Fue con aquel Estudiantes de la Plata de Bilardo y compañía? ¿Acaso lo descubrió Mourinho en los últimos tiempos? ¿Quizás los propios ingleses, creadores del fútbol moderno? Probablemente nunca lo sabremos y hacerlo no cambiará nada. El momento del cambio es ahora, debemos copiar a deportes "limpios" en ese sentido. 
Cuando pienso en ese futbolista duro y sucio me vienen a la mente sucesos (ocurridos fuera de la cancha pero con una fuerte repercusión dentro de ella) como el de John Terry y su entonces amigo y compañero Wayne Bridge. Un lío de faldas en donde el primero tuvo un escarceo con la pareja del segundo. Aquello repercutió muy negativamente en ambos futbolistas y en sus respectivos equipos (ambos jugaban en el Chelsea en aquel momento) hasta el punto de tener que renunciar Bridge a su selección con tal de no verse las caras con aquel tipo. La escena más representativa de este asunto fue el reencuentro de ambos cuando el cornudo jugaba ya en las filas del Manchester City y en el habitual saludo previo al partido, ambos jugadores hicieron como que no se vieron al pasar. El saludo de manos pasó de largo entre ellos dos. ¿Era de esperar? ¿Era lo correcto?
¿Habría podido el famoso tercer tiempo evitar historias tan tórridas como ésta? Quien sabe, a lo mejor en un deporte tan competitivo, ese punto de relación más íntima y cercana, ese tercer tiempo, (¿alguien piensa que existen amigos de verdad en el fútbol profesional?) hubiese hecho replantearse ciertas cosas a ambos jugadores.

Ilustración hecha a lápiz y tinta en tamaño A3 y luego escaneada. El calco interactivo de Adobe Illustrator hizo que el trabajo tuviese la línea como rota, ya que no modifiqué el trazo. El color fue hecho con el bote de pintura interactivo y el sombreado lo hice con una tableta Wacom.

jueves, 6 de abril de 2017

Show must go on

Hidetoshi Nakata
Hace poco leía, casi de casualidad, una lista de 10 grandes jugadores que se retiraron "antes de tiempo". Leo la expresión y me sigue sonando raro porque, ¿que es retirarse "antes de tiempo"? En esa lista veo jugadores de lo más variado y a los que, como hincha, hubiese pagado por verles más tiempo en las canchas. Evidentemente, es una lista muy personal y que deja a otros miles de futbolistas fuera del ranking. Nombres como Platini, Cantona o Zidane despiertan nuestra nostalgia, queremos ver jugadores así en la cancha, es el precio de una entrada mejor invertido. Por suerte siguen saliendo jugadores con mucho talento y lo seguirán haciendo, pero los hay que dejan huella en el hincha y te dejan con la incógnita de que hubiese pasado si hubiesen aguantado unos años más como profesionales. 
A veces, sin embargo, pensamos que porque tal o cual jugador no tuvo una retirada a tiempo y digna. Porque a los que amamos este deporte nos duele ver a una estrella apagándose, o mejor dicho arrastrándose por una cancha como alma en pena. Ejemplos hay muchos también pero prefiero no nombrarles por puro respeto. Tuvieron que irse con la cabeza bien alta pero por vueltas de la vida (o de la chequera) prefirieron seguir vistiéndose de corto y a veces hasta jugar un poco. 
Todo esto nos lleva a la pregunta, ¿a que edad debe retirarse un futbolista? ¿hay una edad correcta para hacerlo? En muchos casos depende del estado físico, de lo bien o mal que se haya cuidado durante su carrera. En otras depende de la propia posición del jugador (los porteros juegan hasta muy mayores, suelen decir). A veces, como en el caso del japonés Hidetoshi Nakata es una mezcla de lesiones y falta de motivación. ¿Falta de motivación? Si, los hay que llegados a un punto de su carrera no se sienten con ganas de seguir. Cuesta entenderlo pero pasa en todas las profesiones. Y eso fue lo que pasó, entre otros, con Nakata, Se retiró joven, con solo 29 años pero machacado por las lesiones y con intereses en otras actividades. El fútbol perdió un jugador muy talentoso, que quiso ver mundo, conocer a fondo su país con la mochila al hombro y apartarse del fútbol. Pero, como cantaban los chicos de Queen, "Show must go on".

Esta ilustración la realicé hace tiempo y está basada en una fotografía publicada en la revista Líbero. La realicé con lápiz portaminas Staedler 0,5 mm y tinta. Coloreada con rotuladores y retocada con Adobe Photoshop para realzar los colores y los tonos.

jueves, 30 de marzo de 2017

Elegir entre Papá o Mamá


Ser un niño es disfrutar, vivir cada día como una nueva experiencia y descubrir el mundo en cada detalle que te rodea. Ser niño en si es de los mejores recuerdos que uno tiene. No se en que momento de mi infancia exactamente comencé a amar el fútbol pero se que ese flechazo fue inmediato. Me quedaba absorto viendo partidos de fútbol callejero, por la televisión o en la "popular" de la cancha. Me enganchaba en todos los sentidos. Y como todo niño que ama el fútbol, comencé a descubrir a mis primeros ídolos, que por suerte eran muchos. Y como niño tuve el privilegio de disfrutar de la época dorada del mejor de todos los tiempos, Diego Armando Maradona. ¿El mejor? Bueno, al menos para mi que pude verlo en directo y que grité como loco cada uno de sus goles y triunfos. Ya por aquellos años había quien afirmaba, incluso en Argentina, que el mejor futbolista de todos los tiempos no había nacido en Villa Fiorito, sino en Tres Coraçoes, a más de 2000 kilómetros al norte de esa localidad bonaerense. Estaban hablando, efectivamente, del gran Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé.
La polémica estaba (y sigue estando) servida. Unos decían que Pelé era un auténtico mago del balón que hacía bailar al resto del equipo al compás que él marcaba. Otros decían que jugando con diez leyendas a su lado era fácil destacar, que así cualquiera. Hay quien defiende a Maradona afirmando (y razón no les falta) que si pudo sacar campeona del mundo a Argentina en México '86 jugando al lado de 10 ladrillos era una señal inequívoca de que él era el elegido.
Y los hay aún más atrevidos que osan poner por encima de los dos más grandes a Messi o Cristiano Ronaldo sin inmutarse. A eso si que les digo que jugando acompañados de esas estrellas hasta yo jugaría bien. Y eso ya es decir demasiado. ¡Un poco de cordura, por favor!
En cualquier caso, el trono del fútbol mundial está en disputa entre estos dos monstruos. Pero es difícil elegir. No se puede elegir entre papá o mamá.

Ilustraciones hechas en lápiz y por separado. Tras el entintado y escaneado, las perfilé y coloreé en Adobe Illustrator. Los rótulos que aparecen al pie de cada uno de los jugadores están puestos también con ordenador. Utilizando Adobe Photoshop uní las imágenes en una sola.

jueves, 23 de marzo de 2017

The Fresh Prince of Las Palmas

Kevin-Prince Boateng
“Gasté todo mi dinero en coches, discotecas y amigos que en realidad no lo eran”.
Parece una frase del mismísimo George Best arrepentido, en un momento de flojera mental. La frase la pronunció, sin embargo, el ghanés (aunque nacido en Alemania) Kevin-Prince Boateng.
Boateng es uno de tantos jugadores díscolos y rebeldes que aparecen por el panorama futbolístico cada cierto tiempo. Son chicos indisciplinados que no saben asimilar la fama o el dinero, o quizás la peligrosa mezcla de ambas. Como se suele decir, es difícil saber llevar esa mezcla explosiva con discreción y perfil bajo. Ni siquiera usted, querido lector, sabría como llevarlo bien (si es que puede hacerse de esa manera, claro).
El bueno de Kevin-Prince parece haberse dado cuenta de ello en la madurez de su carrera, con los 30 recién cumplidos. Tarde pero seguro, como dice el refrán. 
El ghanés tuvo que salir adelante en los duros suburbios de su Berlín natal, pasando por equipos como el Hertha Berlín, el Tottenham inglés o el Milán, hasta recalar en la isla de Gran Canaria. Jugando en Las Palmas parece haber encontrado su sitio, en donde fue recibido como toda una estrella, a lo grande (y en donde triunfa, todo sea dicho).
Atrás quedaba esa triste imagen del jugador fumando y bebiendo cerveza a la espera de un control anti doping en Alemania o aquella expulsión de la selección de Ghana por indisciplina. El bueno de Boateng se ha enderezado y ya es un chico bueno. ¿O no?
Bueno, con estos Romario, Gascoigne, Maradona o Cassano nunca se sabe, el niño rebelde que llevan dentro amenaza con asomar en cualquier momento. Por lo pronto, Boateng se ha asentado como "The Fresh Prince of Las Palmas". 

Ilustración hecha con acuarelas. Las manchas de la cara y el cabello las hice primero para luego detallar con lápiz y tinta las facciones y algo de pelo, así como su tatuaje en el cuello. El sombreado está hecho con rotuladores. El retoque de color está hecho con Adobe Photoshop.